Más alla
Más alla —Usted lo ha dicho. Yo partà del entusiasmo de una sala a oscuras por una alucinación en movimiento. Yo vi algo más que un engaño en el hondo latido de pasión que agita a los hombres ante una amplia y helada fotografÃa. El varón no se equivoca hasta ese punto, advertà a usted. Debe de haber allà más vida que la que simulan un haz de luces y una cortina metalizada. Que la habÃa, ya lo ha visto usted. Pero yo creé estérilmente, y éste es el error que cometÃ. Lo que hubiera hecho la felicidad del más pesado espectador, no ha hallado bastante calor en mis manos frÃas, y se ha desvanecido… El amor no hace falta en la vida; pero es indispensable para golpear ante las puertas de la muerte. Si por amor yo hubiera matado, mi criatura palpitarÃa hoy de vida en el diván. Maté para crear, sin amor; y obtuve la vida en su raÃz brutal: un esqueleto. Señor Grant: ¿Quiere usted abandonarme por tres dÃas y volver el próximo martes a cenar con nosotros?
—¿Con ella…?
—SÃ; usted, ella y yo… No dude usted… El próximo martes.
Al abrir yo mismo la puerta, volvà a verla, en efecto, vestida con su magnificencia habitual, y confieso que me fue muy grato el advertir que ella también confiaba en verme. Me tendió la mano, con la abierta sonrisa con que se vuelve a ver a un fiel amigo al regresar de un largo viaje.