Más alla
Más alla Yo estaba esa mañana, por casualidad, en el sanatorio, y la mujer habÃa sido internada en él cuatro dÃas antes, en pos de la catástrofe.
—Vale la pena —me dijo el médico a quien habÃa ido a visitar— que oiga usted el relato del accidente. Verá un caso de obsesión y alucinación auditivas como pocas veces se presentan igual.
»La pobre mujer ha sufrido un fuerte shock con la muerte de su hija. Durante los tres primeros dÃas ha permanecido sin cerrar los ojos ni mover una pestaña, con una expresión de ansiedad indescriptible. No perderán ustedes el tiempo oyéndola. Y digo ustedes, porque estos dos señores que suben en este momento la escalera son delegados o cosa asà de una sociedad espiritista. Sea lo que fuere, recuerde usted lo que le he dicho hace un instante respecto de la enferma: estado de obsesión, idea fija y alucinación auditiva. Ya están aquà esos señores. Vamos andando.
No es tarea difÃcil provocar en una pobre mujer, que al impulso de unas palabras de cariño resuelve por fin en mudo llanto la tremenda opresión que la angustia, las confidencias que van a desahogar su corazón. Cubriéndose el rostro con las manos:
—¡Qué puedo decirles —murmuró— que no haya ya contado a mi médico…!
