Pasado amor
Pasado amor Esa misma noche Morán montaba guardia ante la ventana hasta las doce de la noche; pero Magdalena no se asomó.
Desde los dÃas anteriores a su ausencia, Magdalena habÃa pedido a Morán que dejara los tubos al pie del último poste de la quinta, y alejado, por consiguiente, cincuenta metros de la casa.
Nunca supo Morán cómo Magdalena, bajo el espionaje de una perfecta inquisición, alcanzaba caminando hasta allÃ, cómo se bajaba sin despertar sospechas, y cómo disimulaba los tubos, una vez recogidos. Algunos de éstos eran muy gruesos, pues Morán no escribÃa brevemente a su amada.
A las ocho o nueve de la noche, ahora, Morán dejaba su carta y recogÃa la de Magdalena. Se escribÃan asà todos los dÃas, y Morán leÃa en el bar la carta de aquélla, disimulándola en su libreta de fórmulas y apuntes. Allà mismo, aislado en una mesita, escribÃa la respuesta.
Morán no estaba seguro de que su leer y escribir noche a noche no provocara algún cambio de miradas de los contertulios, entre los que se contaban a veces Salvador y Pablo. Pero a éstos no les era fácil adivinar los secretos buzones de su correspondencia, y en cuanto a los otros, le tenÃa a Morán sin cuidado lo que pudieran pensar.