Pasado amor
Pasado amor —Cuando yo compré esta meseta —explicó Morán— y el pedazo de monte que ve allÃ, todo el mundo se rió, porque aquà no habÃa sino piedras y linda vista. «Si no lo viéramos trabajar como lo hace —dijeron en Ivirarom× creerÃamos que Morán es poeta. Sólo a él se le ocurre dar mil pesos por este páramo». Ahora resulta que todo el mundo solicita mis piedras para construir, y gratis, porque son piedras; y Montserier, que no quiso pagar novecientos pesos por este retazo, indispensable para unir en un solo bloque sus dos mil hectáreas, estuvo aquà el mes pasado a decirme que un dÃa u otro se verÃa forzado a comprarme mi propiedad para su mujer, porque tenÃa una espléndida vista al rÃo. Inés: usted come a cualquier hora, ¿verdad?
—Yo sà —se rió la joven, enseñando al reÃr su fresca y sanÃsima dentadura.
—Entonces Aureliana nos va a servir lo que tenga.
Morán tomó apenas café; pero Inés comió alegre y abundantemente.
Tres dÃas más tarde la visita se repetÃa, y al cuarto llegaban en lancha expresa a Iviraromà la familia de IñÃguez y Ekdal.