Pasado amor
Pasado amor Morán escribió una carta sin obtener respuesta. Escribió otra, otra después, sin que su mano nerviosa hallara otra cosa, al pie del poste, que el césped húmedo.
Tampoco lograba verla. Inés, que conocÃa su situación —pero no el motivo, claro está—, le habló asÃ:
—Es para mà muy extraña la actitud de los IñÃguez para conmigo. Ayer pasaron por aquÃ, y me saludaron sin acercarse.
—¿Cómo está Magdalena?
—Desmejorada. No tiene el aspecto feliz. ¡Pobre criatura! Sea tolerante con ella, Morán. No juzgue sin saber lo que pasa. Ella está sola, sin verlo siquiera, hostilizada dÃa y noche, engañada probablemente.
Y tras una pausa:
—Morán: ¿no tiene usted por ahà alguna distracción que haya llegado a oÃdos de ella? Si mal no recuerdo usted habÃa estado una noche muy rendido con una chica de Hontou.
—No las veo hace tiempo —murmuró él.
—Me alegro. No tendrÃa usted perdón, estando de por medio Magdalena.
—Hasta mañana —dijo bruscamente Morán—. Hoy no me siento bien.
Tampoco vio a Magdalena al volver. Y a las ocho de la noche hallábase de nuevo al lado de Alicia.