Pasado amor
Pasado amor Como en otros momentos, volcábanse del alma de Morán hacia Alicia toda la ternura y pasión que debÃan haber sido para Magdalena. La chica, arrullada, embelesada, cerraba los ojos; y aun sabiendo desviadas aquellas flechas de amor, les oponÃa su corazón arrobado, porque quien las lanzaba era Morán.
En las cinco noches que se sucedieron, Morán no faltó una sola a lo de Hontou. También como en las veces anteriores, la excitación se expresó con el mismo lenguaje que el amor. Y Alicia, ebria y desfallecida, sólo hallaba en la inmensidad de su dicha fuerzas para resistir.
—DarÃa cualquier cosa porque me quisiera menos… —decÃase Morán, con sus cinco sentidos confluentes y aguzados en un solo deseo. Y ante el bramido de la fiera que la extenuaba hasta el martirio.
—¡No, no!, don Máximo —se defendÃa Alicia—. Yo lo quiero, usted lo sabe; pero asÃ, no…
Doña Asunción pasaba a veces por allÃ, y al verlos juntos sonreÃa encantada:
—Y de ahÃ, don Morán… —le decÃa—. ¡Cásate, te digo! La Alicia va a ser una buena mujer para vos.
Al oÃr esto, la mirada de Alicia, concentrada y triste, buscaba la de Morán. Pero Morán, aun ardido de deseo, no se sentÃa con fuerzas para engañar a la criatura, prometiéndole lo que no podrÃa cumplir.