Pasado amor
Pasado amor El despecho comenzaba por otra parte a abandonarlo. Luego, retirábase rendido y con los nervios exhaustos. Como los perros de jaurÃa, los sentidos no satisfechos roen hasta el hueso a su dueño.
No volverÃa más allá. Nada dijo a Alicia, pero ella lo adivinó.
—Don Máximo —lo miró fijamente—, usted no vendrá más, porque hay otra persona a la que quiere.
Él no respondió. La chica, entonces, al sentir su mano apenas retenida por la de Morán al retirarse, dijo:
—Óigame, don Máximo: yo soy una pobre muchacha, y nada puedo pretender. Pero por Dios le juro que ni la de IñÃguez ni nadie lo va a querer nunca como lo quiero yo. Y el dÃa…
Volvió la cara y se llevó los dedos a la boca para ahogar un sollozo.