Pasado amor
Pasado amor AsÃ, orden tras orden, detalle tras detalle, Morán no debÃa olvidar nada. Vio aún en el pueblo a dos o tres personas y conversó un rato con el jefe del Registro Civil, el cual parecÃa tan entusiasmado como Morán por el gran acontecimiento. Y cuando se vio por fin libre de toda preocupación y de todo olvido posible, Morán se detuvo un instante en lo de Ekdal, con quien cambió sólo breves palabras, pues más tarde debÃa volver a hablar con extensión de la ceremonia del dÃa siguiente.
—¿Tiene todo listo ya? —preguntó Ekdal.
—Todo. Soy desde este instante el hombre más feliz de la tierra. ¡Ciao, Ekdal!
Al doblar el monte se encontró con Inés, que habÃa salido sola a caminar.
—Inesita: ¿ha visto usted alguna vez a un hombre feliz? Me voy volando a casa.
—¿AsÃ, ya? ¿A qué hora vuelve?
—En seguida.
Pero apenas arrancado al galope, oyó que Inés le gritaba:
—¡Y no olvide lo prometido, Morán!
—¿Qué? —preguntó Morán volviendo a medias la cabeza.
—Su retrato.
Morán se volvió entonces con todo el caballo y contestó: