Pasado amor
Pasado amor Lo que menos esperaban Aureliana y sus hijas, en aquel mediodÃa de mayo, era ver detenerse ante el portón al break que llegaba del puerto, y descender de él a su patrón Morán. Las chicas corrieron de un lado para otro, gritando todas la misma cosa a su madre, que a su vez se hallaba bastante aturdida; de modo que cuando acudÃan todas presurosas al molinete, ya Morán lo habÃa transpuesto y se dirigÃa a ellas con aquella clara y franca sonrisa que constituÃa su atractivo mayor.
—El patrón… ¡qué bueno! —Exclamaba Aureliana por único, tÃmido y cariñosÃsimo comentario.
—Pensé escribirle —dijo Morán— avisándole que llegarÃa de un momento a otro; pero ni aun a último momento estaba seguro de que vendrÃa… ¿Y por aquÃ, Aureliana? ¿Sin novedad?
—Ninguna, señor. Las hormigas, solamente…
—Ya hablaremos de eso más tarde. Ahora aprónteme el baño. Nada más.
—¿Pero no va a comer, señor? No tenemos nada; pero Ester puede ir de una corrida al boliche…
—No, gracias. Café solamente, en todo caso.
—Es que no tenemos café…
—Mate, entonces. No se preocupe, Aureliana.
