Pasado amor
Pasado amor Morán recordó entonces —revivió como si no hubieran pasado desde aquella tarde mil años—, la inacabable fijeza con que Magdalena contempló a su mujer tendida en el catre, cuando el dÃa antes de su muerte Morán la llevó afuera a respirar. Y la expresión de intensidad casi espantada con que siguió a Morán, cuando éste, ya caÃdo el crepúsculo, levantó en brazos a su mujer como a una criatura y la llevó adentro.
No habÃa vuelto Morán a recordar eso. Ahora transportaba aquella expresión de la que era entonces una criatura a los ojos de la mujer actual, y quedaba pensativo, sin dejar por eso de esforzarse duramente sobre el berbiquÃ.
SubÃa asimismo a su memoria el recuerdo de Magdalena confiando en los ángeles. Para creer en ellos se requiere una inteligencia modesta y pura en su ceguera. Tal la de Magdalena, según lo habÃa comprobado él en otras circunstancias. Y esta incomprensión serena por bajo de aquel corazón de oro, era más de lo que se necesitaba para enternecer a un hombre como Morán.