Pasado amor
Pasado amor En el transcurso de junio y julio, Morán vio frecuentemente a los IñÃguez en casa de ellos o en lo de Ekdal, con quienes los primeros se trataban asiduamente.
En los focos de vida distantes de la civilización, las gentes de casta privilegiada se unen forzosamente. Pueden no estimarse o quererse; pero para la actividad social indispensable, bastan las apariencias cordiales.
Los IñÃguez, los Ekdal, Morán y algunos otros se encontraron asà reunidos varias veces en ese invierno, por lo común de tarde, cuando salÃan a caminar en los frÃos y bellos dÃas de sol, o de noche en lo de IñÃguez, donde la presencia de Morán se tornaba entonces indispensable. Para la señora, sin él no habÃa reunión completa. Se esperaba su llegada impacientemente, como si la sola aparición de aquel hombre de paso firme y semblante bronceado diera calor a la casa. Y cuando un mes más tarde, el dÃa de la gran fiesta, Morán se entretuvo en su taller hasta último momento, un negro de los IñÃguez y un agente de policÃa llegaron, uno después del otro, a reclamar la presencia de Morán.
