Pasado amor
Pasado amor —Vamos a hacer un ensayo solamente. Si vos perdés, será por una sola vez. Tenemos tarea de azada para muchos años, y entonces habrá otro precio.
Este razonamiento, reforzado por la elegante figura del patrón, sus guantes eternos y la fatal seducción del sahib, decidieron a los peones.
La carpida a azada no costaba entonces, en el mejor de los casos, menos de cuarenta pesos por hectárea. Los peones ganaron en hambre y miseria de sus familias lo que habÃan perdido en el trabajo. Fue sólo un ensayo, es cierto; pero Salvador, satisfechÃsimo de él, habÃa reducido ese mes en cuatro o cinco mil pesos los gastos del establecimiento.
—Le he oÃdo al mismo Salvador —concluyó Ekdal—, alabarse de su fino ingenio. Yo desearÃa mucho saber qué clase de dioses velan por el alma de ese muchacho.
—Ya los conocemos, Ekdal —respondió Morán—. Pero faltan otros, que se harán sentir a su tiempo. ¿Usted ha visto el yerbal de Menheir, reputado como el mejor de Misiones?
—No, pero me gustarÃa conocerlo.