Pasado amor
Pasado amor Indicó el limón en el dorso de una circular y estudió con calma el procedimiento a seguir para escribirse desde Buenos Aires, desde Lima o desde el fin del mundo —llegando a resolver satisfactoriamente las dificultades.
Hecho todo lo cual descansó tranquilo, pues si su corazón tenÃa veinte años, su espÃritu ha tiempo los habÃa cumplido ya.
—¿Conoce usted la última aventura en el establecimiento de los IñÃguez? —preguntó Ekdal a Morán esa noche.
—No —respondió éste—. Pero si es algún chasco pasado a Pablo con su revólver, nada me sorprenderÃa.
AludÃa a la costumbre aristocrática de Pablo de poner su revólver en las sienes de los peones, por poco que éstos se equivocaran al efectuar un trasplante en su presencia.
Esta vez, sin embargo, tratábase de Salvador. Habiéndose decidido a emplear por primera vez la azada en la carpida de las calles del yerbal, Salvador, so pretexto de que no podÃa apreciarse el costo de ese trabajo, nuevo en el establecimiento, fijó a la tarea un precio irrisorio: digamos quince pesos por hectárea. Los peones mostrábanse muy desanimados; pero Salvador les habló uno por uno, desde lo alto de su caballo, con las siguientes palabras: