Fedra
Fedra FEDRA.— ¡Oh cólera de Venus! ¡Oh fatal odio! ¡En qué extravÃos arrojó el amor a mi madre!
ENONA.— Olvidadlos señora, y que hasta el futuro más lejano un silencio eterno esconda este recuerdo.
FEDRA.— ¡Ariadna, hermana mÃa, herida de qué amor moriste en las playas donde fuiste abandonada!
ENONA.— ¿Qué hacéis, señora? ¿Qué mortal sufrimiento os anima hoy contra toda vuestra sangre?
FEDRA.— Pues que Venus lo quiere, perezca yo la última y la más mÃsera de esa deplorable estirpe.
ENONA.— ¿Amáis?
FEDRA.— Siento todos los furores del amor.
ENONA.— ¿Por quién?
FEDRA.— Oirás el colmo del horror. Amo… Ante ese nombre fatal tiemblo, me estremezco. Amo…
ENONA.— ¿A quién?
FEDRA.— ¿Conoces al hijo de la Amazona, ese prÃncipe al que tanto tiempo oprimà yo misma?
ENONA.— ¿Hipólito? ¡Dioses eternos!
FEDRA.—Tú lo nombraste.
ENONA.— ¡Justo cielo! ¡Toda la sangre se me hiela en las venas! ¡Oh desesperación! ¡Oh crimen! ¡Oh deplorable raza! ¡Viaje infortunado! Desdichada costa, ¿por qué aproximarse a tus plazas temibles?