Fedra
Fedra FEDRA.— (A Enona) Aquà está. Toda la sangre me afluye al corazón. Olvido, viéndole, lo que vine a decirle.
ENONA.— Acordáis de un hijo que sólo en vos espera.
FEDRA.— Señor, se dice os aleja de nosotros una inmediata partida. Vengo a unir mis lágrimas a vuestros dolores. Vengo a explicaros mis alarmas con respecto a mi hijo. Mi hijo ya no tiene padre, y no está lejano el dÃa que lo haga también testigo de mi muerte. Ya mil enemigos asedian su infancia, y vos sólo podéis abrazar contra ellos su defensa. Pero un secreto remordimiento agita mi espÃritu. Temo haber cerrado vuestro oÃdo a mis clamores. Tiemblo de que vuestra justa ira persiga pronto a través de él a una diosa madre.
HIPÓLITO.— Señora, no tengo sentimientos tan bajos.
