Fedra
Fedra TESEO.— ¡Ah, cómo excita mi enojo tu imprudencia!
HIPÓLITO.— ¿Qué plazo y qué lugar prescribÃs a mi destierro?
TESEO.— Aunque estuvieras más allá de las columnas de Hércules, creerÃa estar aún demasiado próximo a un miserable.
HIPÓLITO.— Cargado con el espantoso crimen de que me sospecháis reo, ¿qué amigos me compadecerán si vos me abandonáis?
TESEO.— Ve a buscar amigos cuya funesta estimación honre el adulterio y aplauda el incesto, traidores, ingratos sin honor ni ley, dignos de proteger a un malvado como tú.
HIPÓLITO.— ¿Me tratáis aún de incestuoso y de adúltero? Me callo. Sin embargo, señor, Fedra nació de una madre, Fedra pertenece a una estirpe, vos lo sabéis demasiado bien, más colmada que la mÃa de tales horrores.
TESEO.— ¿Qué? ¿Tu rabia pierde todo recato a mis ojos? Por última vez: apártate de mi vista; sal, traidor. No esperes que un padre enfurecido te haga arrancar vergonzosamente de estos parajes.