La vida después de la muerte
La vida después de la muerte De esto se infiere que las experiencias del alma en el devacán son mucho más reales que las pasadas en el mundo físico.
Como dicen los citados autores, la Naturaleza no defrauda al hombre en el mundo astral, sino que, por el contrario, son allí sus manifestaciones mucho más positivas que en el mundo físico.
Esto es de muy difícil comprensión para el profano; pero las almas evolucionadas acrecientan su convencimiento de esta verdad a medida que adelantan en su experiencia.
Muy grave error es suponer, como suponen los incrédulos materialistas, que las experiencias del alma en el mundo astral son algo así como «jugar a la realidad».
No hay más que reflexionar sobre las experiencias de la vida terrena para convencerse de que algunas de las más señaladas obras humanas se llevan a cabo en las horas substraídas a las ocupaciones ordinarias, en los períodos que pudiéramos llamar «del ideal», cuando la mente piensa, proyecta, planea y forja imágenes que más tarde se concretan en forma material.
Todas las obras efectivas del hombre —los edificios, los puentes, las máquinas— estuvieron antes en la mente del arquitecto o ingeniero que las proyectó.
Su primera fase de existencia fue en forma mental, a que los operarios dieron forma material.