La vida después de la muerte
La vida después de la muerte «Toda otra vida es vivir muriendo en un mundo donde sólo moran fantasmas; un soplo, un son, un aliento, una voz, el tintineo de la esquila del camello.»
Tan sumidos en la materialidad están los hombres mundanos que hablan del cielo como si fuese un fantasma, un espejismo, una ensoñación.
No les parece «real» lo que no está en el plano físico.
Los pobres mortales no comprenden que en último término nada hay tan ilusorio, tan fantasmagórico y ensoñador como este mundo material.
No se dan cuenta de que en él nada hay permanente, pues hasta el mismo planeta algún día ha de desquiciarse y romperse en mil fragmentos meteóricos, y que ni aun la mente es lo suficientemente ágil para obtener un vislumbre de la esencia de la materia, porque antes de que pueda observar un fenómeno material ya se ha transmutado la materia.
El mundo mental, y mayormente todavía el mundo del espíritu, son más reales que el mundo material.
Desde el punto de vista en que se colocan las facultades superiores, nada hay real sino el espíritu, y la materia aparece como lo más irreal e ilusorio.
A medida que las facultades de observación trascienden los objetos del plano físico, más reales son para el alma los del mundo astral.