La vida después de la muerte
La vida después de la muerte »El alma espiritual no tiene sustancia material ni está confinada a determinado lugar con limitado horizonte y limitada percepción de este horizonte.
»Por tanto, si decimos que las experiencias devacánicas son un fraude de la Naturaleza, también habríamos de tildar de ilusiones engañosas los puros sentimientos propios del alma, como por ejemplo el amor, el sentimiento de lo bello, la profunda filantropía, etcétera, que inundan nuestro ser de intensa dicha».
Seguramente el alma anhelante ha de vislumbrar mayor felicidad en la idea de un cielo donde se solucionen todos los problemas de la vida terrena y encuentre el instinto creador ocasiones de desenvolvimiento, a fin de que en una nueva y más plena vida se realicen los sueños ideales de la anterior, que en la idea de un cielo donde cese toda actividad y no haya ocasión ni motivo de adelanto, sino que todo cuanto haya que hacer sea cruzarse de brazos y gozar la dicha de la eterna ociosidad.
El instinto creador está en el corazón de la Naturaleza, es el palpitante estremecimiento de la sangre de su vida, porque la Naturaleza siempre trabaja, incesantemente actúa y empieza, termina y reanuda de modo inacabable su labor en el rodar de los siglos.
Verdaderamente sólo en la actividad puede haber vida, y, como canta el poeta: