La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Todo lo más alto que a la imaginación humana le quepa forjar en tal compañía, no es más que pálido reflejo de lo que el alma ha de experimentar.
Inútil es el intento de describir estas experiencias, porque son insuficientes las más expresivas palabras para representar la verdad.
La respuesta a la pregunta debe necesariamente ser que cada cual se examine por introversión y hallará impresa en su interior la imagen de la máxima felicidad posible en semejante estado de conciencia, y considerar que aquella imagen está mil veces por debajo de la realidad.
Únicamente en la armonía de la música, en la rítmica cadencia de la alta poesía, en las líneas de una bella obra de arte puede el alma prisionera en la carne tener un vislumbre del verdadero amor en el devacán.
Estas consideraciones dan al alma débiles insinuaciones de lo que ha de experimentar en la vida celeste.
Tal es una de las razones por las cuales la música, la pintura y la poesía son capaces a veces de alzarnos sobre el ambiente material que de ordinario nos rodea.
En los relámpagos de conciencia cósmica que suelen sorprender a las almas espiritualmente iluminadas está incluida la realización del anhelo de compañía en los planos superiores.