La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Prevenimos contra todo intento de mantener cercana a este mundo al alma que repugna romper los lazos que la atan a las cosas materiales, porque sería como alentar al feto a que permaneciese en la matriz o a la crisálida a que se mantuviera en el capullo.
Ningún bien puede provenir de quebrantar las leyes de la Naturaleza en cualquier plano de existencia.
La clase inferior de almas apegadas a la tierra es muy distinta y bastante peor que las de las dos clases anteriores.
Son almas de muy bajo estado de conciencia, en que predomina la animalidad, y los instintos brutales son su característica emocional.
En estas almas es tan poderosa la tendencia a las cosas de la tierra que prepondera contra la atracción de los subplanos superiores, de modo que vive el alma en un subplano tan cercano al mundo físico como le es posible a su lastimosa condición.
En efecto, el subplano inferior del astral, donde moran estas almas, está tan próximo al mundo físico que parece como si dijéramos el anillo de tránsito o subplano de transición entre uno y otro mundo, o una entremezcla de ambos, o bien como si únicamente los separara un tenue velo que es una tentación continua para dichas almas, pues aunque no puedan tomar parte en los sucesos terrenos, perciben confusamente cuanto va ocurriendo en la tierra.