La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Estas almas de atrasada evolución contraen su visita a los lugares en que más actuaron durante la vida terrena, y se complacen siniestramente en influir en las personas de su misma índole, incitándolas a toda clase de acciones crapulosas y aun de crímenes.
En algunos casos extremos han logrado estas almas magnetizar un cascarón astral y darle apariencias de ectoplasma.
La índole de estas entidades varía muy poco al pasar del plano físico al astral, y se deleitan en las burlas y jugarretas con que alucinan a los concurrentes a las sesiones espiritistas, haciendo sonar los timbres de las casas, apagando las luces, provocando ruidos extraños y golpeando a los circunstantes.
Sin embargo, no son realmente temibles, porque cualquiera puede ahuyentarlas con un conjuro en que se les dé a entender que se sabe quiénes son y se les manda que se marchen para no volver.
Un mandato enérgico, con voz de autoridad, y la manifestación rotunda de que se les ha descubierto el juego bastarán para que se retiren cabizbajas y cariacontecidas a su propio subplano.
También son capaces estas atrasadas almas de fingirse y tomar el nombre de un pariente o amigo de alguno de los presentes en una sesión espiritista o de simular un personaje histórico famoso.