La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Pero si detenidamente se consideran las enseñanzas expuestas en este libro, resultarán cada vez más razonables según transcurran los años, pues todas las experiencias del individuo se acomodarán al carácter general de las enseñanzas, que irán substituyendo a los viejos y rutinarios conceptos.
No es fácil apartarse o desechar la verdad una vez conocida, porque hurgará con irresistible prurito luego de alojada en el oído mental de quien la escuche, y tras el oído está aquella parte del ser humano que aunque revestida de varias envolturas conoce la verdad.
Por mucho que la niegue el individuo no podrá substraerse a la verdad una vez que su semilla le haya caído en la conciencia, porque la nutrirá la subconciencia y en tiempo oportuno brotará y florecerá.
De suerte que no importa si el lector es incapaz de asimilarse las enseñanzas desde luego, porque largo es el tiempo y cada cual lo tendrá de sobra para madurar la lección.
Al fin y al cabo, toda enseñanza no es más que un procedimiento de siembra.
Algunas semillas caerán en pedregales; otras en las márgenes del camino donde las devoren las aves; otras en suelo estéril; pero no dejarán de caer, aunque sean pocas, las que arraiguen en feraz terreno y con el tiempo broten, entallezcan, ahijen, medren, florezcan y fructifiquen.