La vida después de la muerte
La vida después de la muerte No nos detendremos en pormenores acerca de este acrecentamiento de energía, porque nos hemos propuesto prescindir de todo tecnicismo.
Basta exponer que durante su segundo sueño el alma recibe un nuevo impulso de energía y se le da el molde de su nuevo cuerpo físico.
También experimenta la atracción de sus lazos kármicos, que la llevan a reencarnar en condiciones congruentes con su índole, de conformidad con el aforismo de que lo semejante atrae a lo semejante.
Cada alma va a donde le corresponde por lo que ella es. No está sujeta a la arbitraria voluntad de ningún ser celeste ni terrestre, sino tan sólo a la inexorable, equitativa y absolutamente justa ley del karma.
No hay favoritismo ni tampoco el más leve riesgo de que el alma sea víctima de la más mínima injusticia, por muy atrasada que esté en su evolución.
Altos y bajos están sujetos a la misma ley, porque todos son hijos del mismo Padre, todos niños en el parvulario del Logos. Todos van por el mismo Sendero, tanto si lo conocen como si no, pero su ignorancia no se les anota como deuda pendiente en el ajuste de cuentas.
En el último capítulo de esta obra trataremos de las almas que trascienden las reencarnaciones en la tierra y ascienden a planos y etapas de existencia muy superiores a cuanto la tierra pueda ofrecer.