La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Otro punto sobre el cual menudean los equívocos es el relativo a la inconsciencia del alma en la designación del ambiente de su nuevo nacimiento.
Desde luego que en las almas de atrasada evolución el proceso es casi del todo instintivo y no hay en realidad elección de ambiente; pero cuando el alma está ya algún tanto espiritualmente evolucionada y tiene algo de intuición y conciencia espiritual, vislumbra en el devacán las condiciones en que ha de renacer y a veces por su propio albedrío las elige.
Si la individualidad es muy potente, no vislumbra sino que ve claras las circunstancias, ambiente y condiciones más adecuados a su adelanto en la nueva vida, y a ella se somete bajo las indispensables limitaciones del karma.
Otro punto que necesita esclarecimiento es el referente a la índole de los deseos promotores de la reencarnación.
No precisamente han de ser estos deseos de índole siniestra ni han de tener carácter concupiscente.
Por el contrario, pueden ser anhelos nobles, levantadas aspiraciones, aunque entrañen el principio emocional del deseo.
Tanto los deseos nobles como los viles son las semillas de la acción, y el impulso hacia la acción es la característica que distingue al deseo.