La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Durante su estancia en el devacán descansa, se refrigera y vigoriza el alma. Olvida las fatigas de pasadas encarnaciones y vuelve a ser joven y ambiciosa. Siente en su interior el estímulo a la acción, el ansia de insatisfechos deseos, aspiraciones y ambiciones, y gustosa cede a la corriente que la conduce al escenario de la acción en que espera realizar sus deseos.
Muchos ejemplos de este cambio de actitud tenemos en la vida terrena. A veces al llegar la noche nos sentimos cansados, abatidos y aun disgustados de los trabajos, penalidades y afanes del día; pero el descanso y el sueño mudan nuestro estado de ánimo y al despertar nos invade el deseo de reemprender nuestras acostumbradas actividades.
La mayoría de las personas no están realmente cansadas de la vida ni de las cosas de este mundo, sino que experimentan el natural impulso hacia «otras cosas» y «otros lugares»; y un cambio de lugar y de preocupación les desvanecería el aburrimiento.
No están disgustadas del mundo, sino tan sólo mental y emocionalmente fatigadas.
Lo mismo sucede con el cansancio del alma desencarnada. Si se muda a otro plano de existencia y toma el elixir se hallará dispuesta a desempeñar nuevo papel en el drama de la vida terrena.