La vida después de la muerte

La vida después de la muerte

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De la propia suerte dos almas pueden comunicarse directamente sin que para ello sea obstáculo la distancia.

Según hemos dicho, el moribundo se comunica a veces con las personas queridas que ya están en el otro mundo y de esta comunicación recibe grandísimo consuelo, pues en efecto es una hermosa circunstancia que suele acompañar a lo que llamamos «muerte», la reunión del moribundo con sus deudos y amigos queridos, de la que con tanta esperanza hablan las personas piadosas. Pero no ocurren las cosas como ellas se figuran.

El moribundo va desprendiéndose poco a poco de su cuerpo físico y al expirar queda el alma revestida del cuerpo astral, que es exacta contraparte del físico, con el cual coincide durante la vida terrena. Es el cuerpo astral una forma de materia mucho más sutil que la física, de modo que escapa a todas las pruebas que revelan la materia ordinaria.

En el momento de la muerte, el cuerpo astral queda enlazado con el cadáver por un tenue cordón de materia aérea, que al fin se rompe, y queda entonces el cuerpo astral libre, como externa envoltura del alma.

Pero este cuerpo astral no es el verdadero ser humano, como tampoco lo era el cuerpo físico, pues ambos no son más que temporáneas envolturas del alma.


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