La vida después de la muerte
La vida después de la muerte »Estas almas semidespiertas suelen manifestarse en las sesiones espiritistas. Nuestro dolor egoísta y nuestras peticiones entristecen sobremanera a los seres amados que han salido de este mundo, a menos que por haber conocido antes de su muerte todas estas cosas se nieguen a la evocación de ni aun las personas más queridas. Casos hubo en que el alma repugnó durante años el apacible sueño a fin de permanecer junto a sus deudos en la tierra; pero esta conducta es por todo extremo imprudente porque ocasiona inútil aflicción tanto al alma del difunto como a sus deudos en la tierra.
»Debemos reprimir nuestro egoísmo y no demorar con nuestras exigencias el progreso de los que han pasado a la otra vida. Dejemos que duerman descansadamente en espera de su transmutación. Proceder de otro modo equivale a que experimenten repetidas veces las mismas sensaciones de la muerte física.
»Quienes verdaderamente aman a sus difuntos y conocen todo esto les evitan semejante perturbación, porque su amor y conocimiento les ordenan que dejen en paz al alma que se fue, pues bien merece el descanso antes de proseguir su evolución.
»Este período de tranquilo sueño es para el alma lo mismo que la vida intrauterina para el feto: duerme para cobrar las fuerzas que necesitará en la nueva vida.»