La vida después de la muerte
La vida después de la muerte El impedimento del ascenso y la facilidad del descenso es una sabia providencia de la Ley, pues de otro modo los subplanos superiores estarían abiertos a la influencia de quienes moran en los inferiores, y se interrumpiría la evolución de las almas residentes en aquellos, de la propia suerte que perturbaría a los alumnos de un aula universitaria la irrupción de una pandilla de hampones y rufianes de los barrios bajos de la ciudad, pues conviene advertir que también el plano astral tiene sus barrios bajos y sus rufianes y hampones como las urbes del plano físico.
En una de nuestras obras anteriores, expusimos un tosco pero impresionante símil de la comunicación entre los subplanos del astral, como sigue:
«A un alma le es absolutamente imposible pasar a un subplano superior al suyo, mientras que puede pasar a los inferiores». Esta es una ley de la naturaleza que rige en el plano astral, y puede comprenderse imaginando una serie de cedazos de varios calibres, como los que se usan para clasificar las semillas según su tamaño. Las más gruesas quedan en el primer cedazo, y en cada uno de los demás de la serie van quedando aquellas cuyo tamaño es mayor que el diámetro de los agujeros del cedazo, mientras que sin dificultad caen en el cedazo inmediato todas las demás, y así continúa la operación hasta el último cedazo.