La vida después de la muerte
La vida después de la muerte En consecuencia, el estudiante occidental, o bien acepta por fe las afirmaciones del instructor o las disputa por conjeturas y especulaciones; y como en Occidente se cuentan por millares las conjeturas y especulaciones de esta índole, el estudiante puede muy bien excusarse de no aceptar ninguna de ellas, porque, según suele argüir: «tan buena es una hipótesis como otra».
Al exponer los fenómenos del más allá, a que está dedicado este volumen, debe advertir desde luego el estudiante que no se le podrá proporcionar ninguna prueba material si no tiene muy actualizadas sus facultades psíquicas y espirituales, porque sin ellas la prueba demandada sería semejante a la que un ciego exigiera de la existencia de los colores o un sordo de la del sonido.
La naturaleza de las cosas impide dar prueba material en dicho caso.
¿Qué método cabría emplear para explicar la sensación gustativa del azúcar a quien jamás hubiese probado un dulce?
Por tanto, téngase muy en cuenta que las enseñanzas de este libro no se exponen como prueba de los fenómenos del otro mundo, sino tan sólo a manera de relato de un viajero que vuelve de un país extraño y cuenta las peripecias de su viaje y lo que allí ha visto.