La vida después de la muerte
La vida después de la muerte Algunos individuos se satisfacen con la idea de un lago de azufre hirviendo para los pecadores y un cielo con calles de oro y arpas y coronas para los justos.
Otros muchos, más adelantados en su evolución, desecharon los viejos conceptos de un cielo materialmente localizado y de un infierno de eternos tormentos como el tártaro pagano, y juzgan como la mayor felicidad para ellos posible un estado o condición en que puedan realizar sus altos ideales y nobles anhelos, mientras que fuera su más temible castigo hallarse en condición de llevar a sus últimas consecuencias las malas acciones que hubiesen cometido.
Éstos y aquellos encuentran en el plano astral el cielo o el infierno en que pensaron, porque unos y otros forjaron su cielo o infierno con el material de la propia conciencia.
Esos conceptos que cada alma forja del cielo y del infierno, tienen su respectivo goce o sufrimiento en el plano astral, aunque el alma ya no disponga de cuerpo físico.
El pecador que temió los tormentos eternos del infierno en un lago de pez y azufre hirvientes, por las culpas cometidas durante la vida terrena, encuentra el temido tormento porque su imaginación forja el ambiente y su conciencia le condena.