Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) El dragón de Ridoc logró esquivar el ataque por centímetros, pero el equilibrio del jinete se rompió. Violet vio cómo Ridoc luchaba por aferrarse a su montura, mientras Aotrom rugía con desesperación.
—Tairn, ¡vamos! —Violet no esperó a que su dragón respondiera. La conexión entre ambos era lo suficientemente fuerte como para que Tairn ya supiera lo que debía hacer.
Se lanzaron en picada hacia Ridoc, el aire silbando a su alrededor mientras la tormenta se cerraba nuevamente. Los venin los seguían de cerca, sus ojos brillando con una luz roja que parecía perforar la oscuridad.
—No vas a caer hoy —murmuró Violet, extendiendo una mano hacia Ridoc mientras Tairn se alineaba con Aotrom.
Ridoc logró aferrarse a su brazo en el último segundo, y juntos se impulsaron de vuelta a la silla del dragón. Pero no había tiempo para celebrar. Uno de los venin ya estaba sobre ellos, con una garra extendida hacia Tairn.
—¡Ahora! —gritó Violet, y Tairn respondió con un rugido que hizo temblar el aire. Una explosión de fuego envolvió al venin, que gritó de agonía antes de desaparecer en la tormenta.