Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) El peligro no había pasado. Los otros dos venin seguían cerca, y Violet sabía que estaban en desventaja. Pero no importaba. Mientras ella y Tairn estuvieran juntos, no se rendirían.
—Ridoc, retrocede. Esto no ha terminado.
Y con esas palabras, Violet y Tairn se lanzaron de nuevo a la tormenta, listos para enfrentar cualquier sombra que se atreviera a desafiarles.
Las sombras danzaban en las paredes del Cuadrante de Sanadores mientras Violet recorría los abarrotados pasillos. Los heridos se alineaban en cada rincón, envueltos en mantas manchadas de sangre. Los sanadores trabajaban sin descanso, sus manos moviéndose con precisión mecánica mientras intentaban mantener con vida a los soldados que habían sobrevivido al último enfrentamiento. Pero no era solo la sangre y el dolor lo que cargaba el aire; era el silencio, el pesado manto de preguntas sin respuesta y secretos enterrados.
Violet sentía la mirada de todos a medida que avanzaba. Para ellos, ella era la hija del general Sorrengail, la portadora del rayo, un símbolo de esperanza. Pero esa fachada empezaba a agrietarse. Dentro de ella, una inquietud crecía como un veneno, alimentada por las decisiones que había tomado y las que sabía que tendría que tomar pronto.
