Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) —¿Sabías que estás dejando un rastro de nieve por todo el pasillo? —La voz de Imogen rompió el silencio como un cuchillo. Apareció a su lado, su mirada afilada como siempre, pero con una pizca de cansancio que no podía ocultar.
—¿Y eso qué? —respondió Violet, sin detenerse.
—Significa que estás más alterada de lo que quieres admitir —replicó Imogen, ajustándose la trenza para apartarla de su rostro—. ¿Qué pasó allá arriba?
Violet se detuvo frente a una de las puertas del pasillo y tomó aire, intentando estabilizarse. Pero las imágenes del enfrentamiento con los venin seguían frescas en su mente. Sus movimientos inhumanos, sus ojos que parecían escarbar en el alma... y lo peor de todo, la manera en que el último había desaparecido antes de que Tairn pudiera alcanzarlo, como si se hubiera desvanecido en el aire.
—No fue solo una patrulla rutinaria —admitió finalmente.
—Nunca lo es. —Imogen cruzó los brazos, esperando más.