Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) Violet la miró, intentando decidir cuánto podía compartir. Había algo en el comportamiento de los venin que no podía ignorar, algo que no había visto antes. Y luego estaba Xaden. Desde que regresaron, había desaparecido de nuevo, encerrándose en un círculo de silencio que solo hacía que sus preocupaciones se multiplicaran.
—Están cambiando —dijo al fin, las palabras sintiéndose pesadas en su lengua—. Los venin. Son más rápidos, más inteligentes. No fue un ataque impulsivo; estaban probándonos, buscando puntos débiles.
—Eso no es todo, ¿verdad? —Imogen no apartó su mirada, perforándola como si pudiera arrancarle la verdad a la fuerza.
Violet desvió la mirada hacia la puerta que tenía delante, como si pudiera encontrar refugio en el silencio que emanaba del otro lado. Al final, suspiró y empujó la puerta para entrar.
La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la tenue luz de una lámpara en la esquina. Xaden estaba de pie junto a una mesa, su figura alta y oscura proyectando una sombra alargada sobre la pared. Sus manos descansaban sobre la superficie de madera, pero había una tensión en su postura, como si cada músculo estuviera listo para explotar en cualquier momento.
—Llegas tarde —murmuró sin levantar la vista.