Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) La batalla que casi había costado la seguridad de Basgiath aún latía en su mente, como un tambor que nunca se callaba. Los heridos llenaban el cuadrante de los sanadores, los ecos de gritos y órdenes resonando en los pasillos. Pero lo que le había despertado no era el sonido de la guerra, sino el sutil clic de una puerta al cerrarse, el susurro de un alma que escapaba al borde del peligro. Violet no había dudado. Xaden estaba ocultando algo, algo lo suficientemente importante como para arriesgarse a ser visto... y ella necesitaba respuestas.
El frío del puente la golpeó con fuerza al salir al exterior. La nieve caía como un manto silencioso, ocultando el barranco que separaba el cuadrante del campus principal. Cada paso que daba sobre la estructura helada parecía un eco de la tormenta que llevaba dentro. Xaden podía ser muchas cosas: impulsivo, temerario, pero no estúpido. Si alguien notaba los círculos rojos alrededor de sus iris, las marcas que delataban la canalización del poder oscuro, sería arrestado. O algo peor.
—¡Xaden! —su voz se perdió entre los vientos que rugían como dragones enfurecidos.
Ninguna respuesta.
