Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) El puente crujió bajo sus botas, y por un instante, el miedo tomó forma. No por el peligro que ella corría, sino por lo que podía perder. Desde la batalla contra los venin, algo en Xaden había cambiado. Una parte de él parecía romperse cada vez que lo miraba. Su vínculo con la tierra, prohibido y mortal, se había convertido en un arma de doble filo. Y aunque Violet lo odiaba por correr ese riesgo, no podía ignorar lo que significaba. Él había hecho todo por salvarla. Ahora, era su turno.
Cuando llegó al final del puente, lo vio. De pie frente a una entrada oculta en la roca, Xaden sostenía un objeto pequeño en sus manos, algo que brillaba con un tenue resplandor rojizo. Su dragón, Sgaeyl, proyectaba su presencia sobre él como un escudo de sombras.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Violet, su voz temblando entre acusación y súplica.
Xaden no se giró de inmediato. Durante un momento eterno, solo se escuchó el viento. Finalmente, habló.
—Lo que debo hacer, Violet.
—¿Y eso qué significa? ¿Morir? —El enojo en su voz creció, un escudo para proteger el miedo que la corroía.
Él se giró, y en su mirada había algo que le heló la sangre. No era miedo, ni culpa, sino aceptación.
