Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) —Si es necesario.
—¡No! —Violet avanzó hasta quedar frente a él, con los puños cerrados a los costados. Sentía cómo el peso de la noche se cernía sobre ellos, como si el mundo mismo los retara a dar un paso en falso.
—No lo entiendes, Violet. —Xaden alzó el objeto que sostenía: un fragmento de ónix, pulido y brillante, que parecía vibrar con un poder oscuro. Su voz se tornó más baja, más tensa—. Esto... puede cambiarlo todo. Pero no sin un precio.
—Siempre hay un precio. —Ella buscó su mirada, tratando de encontrar en él al hombre que conocía, al hombre que no permitiría que las sombras lo consumieran. Pero lo único que vio fue una resolución inquebrantable.
El viento se arremolinó a su alrededor, y por un instante, pareció que el mundo se detenía. Xaden dio un paso atrás, como si estuviera a punto de desaparecer en la noche.
—Entonces no me detendrás —dijo él.
Violet cerró los ojos, buscando el vínculo con su dragón, Tairn, mientras su mente se llenaba de una sola verdad: no importaba lo que él creyera, ella no lo dejaría caer.
—No lo haré. Pero si cruzas esa línea, Xaden, lo haré contigo.
