Alas de ónix (Empíreo 3)
Alas de ónix (Empíreo 3) Sus palabras quedaron suspendidas en el aire, y por un instante, algo en la mirada de Xaden se suavizó. Pero la decisión ya estaba tomada.
Las sombras se cerraron sobre ellos, y la tormenta rugió con más fuerza. El eco de ese momento resonaría mucho más allá de la noche.
El amanecer apenas había comenzado a teñir el horizonte cuando Violet Sorrengail se encontró al borde de otro desafío imposible. Las patrullas sobre las montañas de Basgiath eran lo más cercano al suicidio, y la tormenta que había envuelto la escuela durante días no daba señales de cesar. Pero las órdenes eran claras: buscar y eliminar a cualquier portador oscuro que quedara después de la última batalla.
El aire gélido se colaba entre los pliegues de su armadura mientras Tairn, su dragón, ascendía con un rugido poderoso. Cada ráfaga de viento traía consigo fragmentos de nieve que se clavaban en su rostro como agujas. A su lado, Ridoc y su dragón, Aotrom, trataban de mantener la formación, pero la visibilidad era casi nula.
—Esto es una locura —gritó Ridoc por encima del rugido del viento, sus palabras resonando a través del canal mental que los conectaba.
