Alas de sangre (Empíreo 1)
Alas de sangre (Empíreo 1) —¿Nerviosa? —murmuró una voz familiar a su lado. Era Xaden Riorson, su expresión tan indescifrable como siempre.
—Solo un poco —respondió Violet, tratando de mantener la voz firme.
—Más te vale no mostrarlo. Los dragones huelen el miedo.
Violet tragó saliva. Claro que lo hacían. Porque no eran solo bestias; eran seres inteligentes, infinitamente superiores a cualquier humano en el valle. Y a pesar de todo, tenía que enfrentarlos.
El primer dragón en elegir fue un monstruo escarlata con ojos como brasas y cuernos retorcidos. Su rugido hizo que algunos reclutas se tambalearan hacia atrás, mientras el resto contenía el aliento. La criatura se acercó a un joven al frente de la línea, observándolo con una intensidad que parecía perforar su alma. Violet vio cómo el chico se enderezaba, tratando de no mostrar debilidad. Pero entonces, el dragón se giró abruptamente, su cola azotando el aire como un látigo.
—No digno —gruñó el capitán Fen Riorson, su tono más frío que el viento del norte.
El chico no tuvo tiempo de protestar. El dragón lo incineró en un estallido de fuego que iluminó el valle. Los reclutas miraron en silencio, sus rostros pálidos mientras el olor a carne quemada llenaba el aire.