Poemas a la noche
Poemas a la noche oyó cómo bramaba el infierno a sus espaldas,
tomando buena cuenta del fin de su tormento;
porque más allá de éste —que parecía infinito—, a su través,
presagió el del infierno, perenne y terrorífico.
Pero ahora el espíritu se precipitó en él,
blandiendo el peso de su extenuación pura.
Irrumpió entre miradas extrañadas de sombras que pacían;
a Adán alzó sus ojos apremiante,
se apresuró hacia abajo, entre sus auras
se escabulló, voló entre la caída
de las profundidades más terribles.
Y de repente arriba, más arriba, por encima del centro
de espumeantes gritos, salió a flote en lo alto de la torre
de su propio martirio:
sin resuello, sin asidero alguno,
señor de los dolores. Y callaba.
París, abril de 1913 Ámbito de las Elegías de Duino