Poemas a la noche
Poemas a la noche Pero empecé a contar muy tarde. Se escapó.
Cual si fuese un muchacho forastero al que al final se invita a jugar con los otros,
pero nunca consigue atrapar la pelota ni conoce los juegos que los otros
entre ellos practican con familiaridad
y se para y contempla afuera —¿pero adónde?—:
así estaba yo y de repente supe que tú estabas, tenías trato conmigo.
Jugabas, noche adulta. Con sorpresa de nuevo te miré:
donde pulsaban torres cargadas de rencor,
allí, donde apartada del destino, crecía en torno a mí una ciudad,
y contra mí se alzaban montes indescifrables
y en un estrecho círculo una hambrienta lejanía
rodeaba la llama aleatoria de mi sentir, allí,
alta noche, no resultó deshonra ninguna para ti el conocerme.
Me recorrió tu aliento. Tu sonrisa entró en mí, dispersa entre lejanas gravedades.
París, enero de 1914