Poemas a la noche
Poemas a la noche Oh rostro, rostro mío, ¿de quién eres?
¿De qué cosas eres rostro?
Cómo puedes ser rostro de un adentro
en el que todo el tiempo algún comienzo
se aglomera con un desvanecerse
y un dar lugar a algo.
¿El bosque tiene un rostro?
¿El basalto de las montañas
no está ahí sin un rostro?
¿Desde su fondo no se encrespa el mar
sin rostro y es que el cielo
no se refugia en él sin frente, sin boca, sin barbilla?
¿No se acercan a veces a uno
los animales como para pedir: toma mi rostro?
Para ellos resulta muy pesado,
mas es con él que llevan
muy dentro de la vida su alma poca.
Pero, ¿y nosotros?
Animales del alma,
perturbados por todo cuanto hay en nosotros,
mas aún no resueltos a nada;
nosotros, almas que pacen,
¿no imploramos de noche a aquel que da noticia,
para que nos conceda ese no-rostro
que pertenece a nuestra oscuridad?