Una temporada en el infierno
Una temporada en el infierno ¡Calla, pero calla!… Es la vergüenza, el reproche, aquÃ: Satán proclamando que el fuego es innoble y que mi cólera es horriblemente estúpida. —¡Basta!… Errores que me soplan al oÃdo, magias, perfumes falsos, músicas pueriles. —Y pensar que poseo la verdad, que percibo la justicia: tengo un criterio sano y definido, estoy preparado para la perfección… Orgullo. —La piel de mi cabeza se reseca. ¡Piedad Señor, tengo miedo. ¡Tengo sed, tanta sed! ¡Ah! la infancia, la hierba, la lluvia, el lago sobre las piedras, el claro de luna cuando el campanario daba las doce… Allà se encuentra el diablo a esa hora. ¡MarÃa! ¡Virgen santa!… —Me horroriza mi estupidez.
¿No están allà esas almas honradas, que desean mi bien?… ¡Que acudan!… Tengo una almohada sobre la boca, no me oyen, son fantasmas. Por lo demás, nadie piensa en los otros. No se me acerquen. Huelo a quemado, es evidente.
Las alucinaciones son innumerables. Es lo que siempre tuve: falta de fe en la historia, olvido de los principios. Me callaré: poetas y visionarios sentirÃan celos de mÃ. Soy mil veces el más rico, seamos avaros como el mar.