Una temporada en el infierno
Una temporada en el infierno ¡Ah! el reloj de la vida se ha detenido hace un instante. Ya no estoy en el mundo. —La teologÃa es seria, el infierno con seguridad está abajo— y el cielo en lo alto. —Éxtasis, pesadilla, un sueño en un nido de llamas.
Cuántas malicias en la atenta contemplación del campo… Satán, Fernando, corre con los granos salvajes… Jesús camina sobre las zarcas purpurinas, sin doblegarlas… Jesús caminaba sobre las aguas irascibles. La linterna nos lo mostró de pie, blanco y de negras trenzas, sobre una ola de esmeralda…
Voy a revelar todos los misterios: misterios religiosos o naturales, muerte, nacimiento, porvenir, pasado, cosmogonÃa, la nada. Soy maestro en fantasmagorÃas.
¡Escuchad!…
¡Poseo todos los talentos! —Aquà no hay nadie y sin embargo hay alguien: no quisiera esparcir mi tesoro. —¿Queréis cantos negros, danzas de hurÃes? ¿Queréis que desaparezca, que me sumerja en busca del anillo? ¿Qué queréis? Haré oro, remedios.
Confiad en mÃ, la fe alivia, guÃa, cura.
Venid todos, —hasta las criaturas—, para que os consuele, para que uno esparza entre vosotros su corazón, —¡el corazón maravilloso!— ¡Pobres hombres, trabajadores! Yo no pido plegarias; con vuestra confianza solamente, seré feliz.