Una temporada en el infierno
Una temporada en el infierno panes de los valles pálidos.
Aullaba bajo la fronda
el lobo escupiendo plumas
de un volátil desayuno:
como él ¡ay! yo me consumo.
Las frutas, las ensaladas,
sólo esperan la cosecha;
pero en el soto la araña
no ingiere más que violetas.
¡Que yo duerma, que yo hierva!
en aras de Salomón.
Corre el caldo por la herrumbre
para mezclarse al Cedrón.
En fin, ¡oh dicha! ¡oh razón!, aparté del cielo el azul, que es negro, y vivÃ, chispa de oro, de la luz naturaleza. De alegrÃa, adoptaba la más bufonesca y extraviada expresión posible:
¡Se la volvió a encontrar!
¿Qué? la eternidad.
Es el sol mezclado
al mar.
Cumple tu voto alma eterna
pese a los fuegos del dÃa
y de la noche desierta.
Asà pues tú te desprendes
de los sufragios humanos