Una temporada en el infierno
Una temporada en el infierno Al recobrar dos céntimos de razón —¡eso pasa pronto!— veo que mis malestares provienen de no haberme figurado a tiempo que estamos en Occidente. ¡Los pantanos occidentales! No es que la luz me parezca alterada, la forma extenuada, el movimiento extraviado… ¡Bueno! He aquà que mi espÃritu quiere asumir Ãntegramente todos los crueles desarrollos que ha sufrido el espÃritu desde el fin del Oriente… ¡Pues no es nada lo que quiere mi espÃritu!
… ¡Mis dos céntimos de razón terminaron! El espÃritu es autoridad, exige que permanezca en Occidente. TendrÃa que obligarlo a callar para concluir como yo querÃa.
Mandaba al diablo las palmas de los mártires, los resplandores del arte, el orgullo de los inventores, el ardor de los bandidos; retornaba al Oriente, a la primera y eterna sabidurÃa. ¡Parece un sueño de grosera pereza!