Una temporada en el infierno
Una temporada en el infierno No pensaba ni remotamente, sin embargo, en el placer de eludir los sufrimientos modernos. No tomaba en cuenta la sabidurÃa bastarda del Corán. Pero ¿no es realmente un suplicio que, desde esa declaración de la ciencia, el cristianismo, el hombre se burle, se pruebe las evidencias, se hinche de placer al repetir esas pruebas y sólo viva en tal forma? ¡Tortura sutil, tonta; fuente de mis divagaciones espirituales! ¡La naturaleza quizá pudiera hastiarse! El señor Prudhomme ha nacido con Cristo.
¿No será porque cultivamos la bruma? Comemos la fiebre con nuestras legumbres acuosas. ¡Y la embriaguez! ¡y el tabaco! ¡y la ignorancia! ¡y las abnegaciones! ¿Se encuentra todo esto muy lejos del pensamiento, de la sabidurÃa de Oriente, la patria primitiva? ¡Para qué un mundo moderno, si se inventan semejantes venenos!
Las gentes de Iglesia dirán: Entendido. Pero tú quieres referirte al Edén. No hay nada para ti en la historia de los pueblos orientales. Es cierto. ¡Pensaba en el Edén! ¿Qué significa para mi sueño la pureza de las razas antiguas?
Los filósofos: El mundo no tiene edad. La humanidad se desplaza, simplemente. Te encuentras en Occidente, pero eres libre de habitar en tu Oriente, tan antiguo como te haga falta — y de habitarlo a gusto. No seas un vencido. Filósofos, sois de vuestro Occidente.