Una temporada en el infierno
Una temporada en el infierno Entretanto es la víspera. Recibamos todos los influjos de vigor y de auténtica ternura. Y al llegar la aurora, armados de ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades.
¡Qué hablaba yo de mano amiga! Es una ventaja considerable poder reírme de los viejos amores engañosos y cubrir de vergüenza a esas parejas embusteras —he visto allá el infierno de las mujeres—; y me será posible poseer la verdad en un alma y un cuerpo.
Abril — Agosto; 1873