Las dos emparedadas

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La casa de don Fernando se llenó de gente, y todos oyeron de los médicos la sentencia de que don Fernando moriría.

El día 5 de enero de 1692, Valenzuela recibió los sacramentos, e hizo su disposición testamentaria, nombrando su albacea al señor don Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, conde de Galve, virrey y capitán general de la Nueva España.

Amaneció el día 8, y en la Catedral de México, y en todas las iglesias, parroquias y conventos, los tristes tañidos de las campanas anunciaron a la ciudad la muerte del Duende.

El cadáver fue embalsamado, y «tanta fue» dice un cronista, «la gente que ocurrió a verle, que no se le pudo enterrar hasta el día 9 en que fue llevado el cuerpo a la sala de capítulo de San Agustín, y con asistencia del virrey, Cabildo eclesiástico, Ayuntamiento, comunidades, nobleza y capilla de la Catedral, se depositó en la capilla de las Flores, en el claustro del convento, en una caja con cuatro llaves; dos días y dos noches continuas se dobló en San Agustín».

Así acabó el célebre don Fernando de Valenzuela.

La reina doña María Ana de Austria murió el 17 de abril de 1696.


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